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Más muerto que Stalin

  • May. 4th, 2009 at 9:33 PM

Más muerto que Stalin estaba este maldito LJ (sí, todavía no sé cómo hacerlo funcionar. Definitivament esto de internet y teconologías no es lo mío). Dudo que vaya a seguir escribiendo algo aquí, así que me dedicaré a colgar lo que un día subí en mi (todavía-más-muerto-que-esto-fotolog), que sigue siendo la misma porquería que era entonces, pero lo tengo cariño.

Cuando el ruido te deja casi sin sentido, esas malditas percusiones palpitantes e inagotables, casi frenéticas, es justo cuando el alcohol llega a su punto más álgido. Y si ya había bajado, vuelve a subir. Porque suena esa canción que te gusta, esa que te hace gritar y saltar, abrazarte al primero que pase por tu lado, y darle un beso a tu mejor amiga. Ríes, aúllas, sonríes. Te dejas llevar. Las percusiones entran definitivamente en ti, ya no puedes huir. Estás acabado. La canción será eterna, aunque apenas dure unos minutos. Será el mejor momento de la noche. Cuando termine, quizá unos segundos antes, dejarás de dar saltos, exhausto, te darás cuenta de que los pies te duelen, de que el alcohol te está mareando, y de que ya es hora de irte a casa.

Se nota que en estos momentos sólo quiero una fiesta continua (como la de este pasado puente de Mayo) y que mis perspectivas de vida para el próximo mes son; estudiar, estudiar, estudiar y estudiar. Suerte que hay dos cumpleaños y que me veré 'obligada' a salir.

 Me muero de ganas de poder volver a ensayar de una vez. ¿Cuánto tiempo hará ya? Demasiado, creo.

¡Nos vemos!


PD. Sònia, si llegeixes algun dia això, sàpigues que m'has motivat a actualitzar. Muà!

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Aug. 21st, 2008

  • 11:56 PM

 Aburridisima y muerta de sueño. 

El portátil sigue sin funcionar bien *asco*

Ya han llegado las fiestas de mi ciudad, pero falta 'eso' para que sea ASÍ de feliz.

Publico esta basura porque sino me olvidaré del LJ (aunque lo haré de todos modos).

EXTASIS

  • Jun. 13th, 2008 at 3:33 PM

Miraba el papel. Esta horrible hoja de pergamino amarillento sin nada escrito. De su respuesta dependía su futuro, lo sabía. Pero la información no llegaba a su mente.

Miró a su alrededor con disimulo, no quería que pensaran que intentaba copiar a alguien, aunque él no fuera de ese tipo. Jamás en toda su vida había copiado nada a nadie, su abuela se lo inculcó muy fuerte desde pequeño. Siquiera cuando iba a la escuela primaria se le había pasado por la cabeza hacer semejante burrada. Y eso que tenía recursos.

Un grito ahogado de jubilo le indico que alguien, muy cercano en cuanto a posición a él, acababa de dar con alguna respuesta.

Pero él seguía sin acordarse de nada.

Se pasó nervioso la mano por el pelo, ese día no muy largo y de un tono apagado. Entre el gris y azul cian. Se lo revolvió, como si esperara que, al mover el cabello, este sacudiera sus raíces, las cuales deberían masajear sus neuronas. Quizá, si se daba una descarga de corriente eléctrica quizás…

Joder, debía dejar de pensar capulladas y centrase en ese maldito examen de los EXTASIS.

Bonito nombre, la verdad, precedido de un más bonito ritual final. Desde hacía varios años, quizá unos diez, antes de que él entrara a Hogwarts, se había puesto de moda un juego, según decían creado por un alumno hijo de muggles, en relación al fin de semana tras los exámenes de final de curso.

El juego consistía en tomar cuanto más éxtasis (esa droga muggle) fuera uno capaz, sobretodo sin pasarse, claro está, y luego ir volando con una escoba hasta la Torre de Astronomía, de la cual debían colgar una pancarta con el nombre de la casa a la cual pertenecía.

Era una estupidez, pero a él le gustaba.

De hecho, el participó el año anterior, sustituyendo a su amigo Michael Finnigan, demasiado tocado por la droga como para subirse a una escoba.

Fue una extraña experiencia, pero le gustó. De pronto, sintió mucha, mucha euforia, como nunca antes. Como si hubieran ganado la copa de Quidditch, hubiera sacado la mejor puntuación en los exámenes y Victoire lo hubiera besado a la vez. Espectacular. Éxtasis lo condensaba todo en una palabra.

Pero claro, todo lo bueno tiene algo malo. De pronto, junto con la euforia, empezó a notar que le fallaba la vista. Veía borroso, como si le temblara, y más si intentaba fijarse en algo en concreto. Tras esos, varios signos extraños terminaron con sus ganas de volar.

Terminó tirado en el suelo, al lado de su amigo, cantando el himno de Hogwarts.

Se acortaba de aquella sensación de euforia, y lo primero en que pensaba era en Victoire. Su Victoire. Porque desde hacía unos meses ya era suya y de nadie más.

La euforia que sintió con esas pastillitas coloradas muggles fue la misma que al recibir ese esperado beso, tal cual imaginó aquella noche. Y se repitió, incluso mejoró, cada vez que lo repetían.

La adoraba.

Su Victoire.

-¡Victoria!

Todos los alumnos se voltearon hacia él.

Teddy Lupin escribía como un alocado encima del papel. Su pelo se había vuelto del usual turquesa chillón.

Los EXTASIS le hicieron pensar en la droga, la droga en la euforia, la cual relacionó con los besos que le daba a Victoire. Finalmente, la V de su nombre le había dado con la respuesta de esa pregunta.

No sabía como había sido tan tonto como para no acordarse de Veritaserum.

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